La caja de pandora

Pandora, de Sir Lawrence Alma-Tadema (1836-1912)

“Pandora”, según la visión de Sir Lawrence Alma-Tadema (1836-1912)

La mitología griega nos ha dejado alguna delas más bellas historias. Gustav Schawb (19 Junio1792 – 4 Noviembre de 1850) escritor, pastor y editor, realizó un asombroso trabajo de investigación, recopilación y adaptación de todos los mitos y leyendas griegas, trabajo recogido en monumental y un más que recomendable libro titulado “Las más bellas leyendas de la antigüedad clásica“.

De entre todas ellas una a la que mencionamos con relativa frecuencia en nuestras conversaciones es la  leyenda de La caja de Pandora, si bien, en muchos casos, no sabemos de qué estamos hablando ni a qué nos estamos refiriendo; pues bien, si seguís leyendo un poco, os ilustraré (por favor, os ruego que me lo permitáis) con esta bella leyenda clásica, en la versión de Gustav Schawb.

Prometeo, un titán, hijo de Jápeto y Asia, hermano de Atlas, Epimeteo y Menecio, se creía el más listo de todos ellos y no temía a los Dioses. Era un aliado y un benefactor de los hombres, con quienes vivía en la tierra en compañía de su hermano Epimeteo.

Es pues la historia de Pandora una venganza de Zeus como parte de un castigo a Prometeo por haber revelado a la humanidad el secreto del fuego.

Como suele ocurrrir con la mitologia, sobre una misma historia hay varias versiones a cual mas afortunada: nosotros seguiremos a Gustav Schwab para explicar la historia aun a sabiendas de que no es la versión mas extendida.

La historia, según Gustav Schawb, dice asi:

“Por orden de Zeus padre de los dioses, Hefesto dios del fuego, famoso por sus habilidades, formó la estatua de una hermosa doncella. La propia Atenea que, celosa de Prometeo, habíase trocado en su enemiga, echó sobre la imagen una vestidura blanca y reluciente, aplicóle sobre el rostro un velo que la virgen mantenía separado con las manos, coronóla de frescas flores y le ciñó el talle con un cinturón de oro, adornada maravillosamente con policromas figuras de animales. Hermes, el mensajero de los dioses, otorgaría el habla a la bella imagen, y Afrodita le daría todo su encanto amoroso.

De este modo Zeus, bajo la apariencia de un bien, había creado un engañoso mal, al que llamó Pandora, es decir, la omnidotada; pues cada uno de los Inmortales había entregado a la doncella algún nefasto obsequio para los hombres.

Condujo entonces a la virgen a la Tierra, donde los mortales vagaban mezclados con los dioses, y unos y otros se pasmarón ante la figura incomparable. Pero ella se dirigió hacia Epimeteo, el ingenuo hermano de Prometeo, llevándole una caja regalo de Zeus. En vano aquél había advertido a su hermano que nunca aceptase un obsequio venido del olimpico Zeus, para no ocasionar con ello un daño a los hombres; debía de rechazarlo inmediatamente.

Epimeteo, olvidándose de aquellas palabras, acogió gozoso a la hermosa doncella y no se dió cuenta del mal hasta que ya lo tuvo. Pues hasta entonces las familias de los hombres, aconsejadas por su hermano, habían vivido libres del mal, no sujetos a un trabajo gravoso, y exentos de la torturante enfermedad. Pero la mujer llevaba en las manos su regalo, una gran caja provista de una tapadera. Apenas llegada junto a Epimeteo abrió la tapa y en seguida volarón del recipiente innumerables males que se desparramarón por la Tierra con la velocidad del rayo. Oculto en el fondo de la caja habia un único bien: la esperanza; pero, siguiendo el consejo del Padre de los dioses, Pandora dejó caer la cubierta antes de que aquella pudiera echar a volar, encerrándola para siempre en el arca.

Entretanto la desgracia llenaba, bajo todas las formas, tierra, mar y aire. Las enfermedades se deslizaban día y noche por entre los humanos, solapadas y silenciosas pues Zeus no les había dado la voz. Un tropel de fiebres sitiaba la Tierra, y la muerte, antes remisa en sorprender a los hombres, precipitó su paso.

La vejez, la enfermedad, la fatiga, la locura, el vicio, la pasión, la plaga, la tristeza, la pobreza, el crimen; todos los males del mundo se habian extendido por la tierra y sólo la esperanza quedó oculta en el fondo del arca. “

Por cierto, Prometeo significa “el previsor” y Epimeteo significa “que reflexiona después de hecho“.

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