¡Feliz navidad, querido enemigo!: La tregua de navidad de 1914

La tregua de navidad de 1915 durante la 1ª Guerra Mundial

Soldados británicos y alemanes posando juntos para una foto aparecida en la portada del Daily Mirror el 5 de Enero de 1915

El editor, crítico y ensayista americano Hamilton Wright Mabi se refería a la Navidad con la siguiente cita: “Bendita sea la fecha que une a todo el mundo en una conspiración de amor“. No se con exactitud, cuándo escribío o pronunció esa conocida cita, pero no me extrañaría que lo hubiera hecho tras haber leído las crónicas procedentes de la trincheras en las que morian en condiciones miserables los soldados de ambos bandos enfrentados en la Primera Guerra Mundial. En las navidades de 1914 se produjo uno de los hechos más insólitos que hayan tenido lugar en ninguna guerra.

Se conoció como la Tregua de Navidad de 1914 y puso de manifiesto la crueldad de los altos mando militares de época y el poco interés que tenían los soldados de matarse los unos a los otros.

En la Nochebuena de 1914 los soldados alemanes decoraron las trincheras con abetos iluminados. Estos habían sido enviados al frente siguiendo órdenes directas del Káiser. También se hicieron llegar a los agotados soldados, raciones extras de pan, salchichas y licores.
No me puedo imaginar la extraña sensación que aquella imagen, tan evocadora del cálido y acogedor ambiente Navideño pudo haber causado en los desdichados soldados.

Los soldados alemanes entonaron canciones de navidad y en la distancia los aliados podían escuchar y sentir el ambiente festivo del que disfrutaban sus enemigos. Al poco rato de comenzar a cantar, desde las trincheras aliadas alguien se unió a la celebración, y así, uno tras otro, los hombres de uno y otro bando, comenzaron a confraternizar, compartiendo canciones navideñas.

Tras la noche, y al amanecer del día 25 de Diciembre de 1914, algunos soldados alemanes, salieron de sus trincheras enarbolando banderas blancas y caminando desarmados, se internaron en tierra de nadie. ¿Te imaginas el asombro y desconcierto que aquella escena provocaba entre los soldados aliados?. Al poco rato soldados de uno y otro bando se hallaban en tierra de nadie intercambiando chocolate, tabaco, bebidas. Mostrándose fotografías y recuerdos de sus familias y confraternizando como buenos vecinos. A lo largo del día y en medio de aquel extraño clima de paz, cada uno de los bandos contendientes pudo recoger los cadáveres de los compañeros muertos en los combates anteriores. Llegaron a realizar oficios religiosos conjuntos e incluso jugaron algún que otro partido de fútbol.

Al regresar a sus respectivas trincheras y terminado el día de Navidad, aquellos hombres que se habían conocido entre si, que se habían saludado y con quienes habían compartido sus sentimientos, sus fotos íntimas, las cartas de sus familiares…  se negaron a luchar. Disparaban al aire o se avisaban y saludaban a gritos.

Cuando la noticia de la tregua llegó a  los cuarteles generales de uno y otro bando los altos mandos tomaron las medidas oportunas para evitar que un hecho similar pudiera volver a suceder.

Muchos -no se sabe cuántos- soldados franceses fueron fusilados, como medida drástica para escarmentar al resto de sus compañeros. Los soldados alemanes fueron enviados a otro frente. Las cartas en las que los soldados narraban lo sucedido a sus familiares fueron interceptadas y destruídas y cualquier información -o la mayoría- que pudiera llegar a los periódicos birtánicos o franceses, censurada. Los franceses confiscaron los negativos de las fotografías que algunos soldados habían tomado durante la tregua, en donde se veían hombres de uno y otro bando posando amistosamente.

A lo largo de la Primera Guerra Mundial se volvieron a dar algunos sucesos similares, aunque ninguno tan generalizado como el de la Navidad de 1914.

Se han hecho películas y escrito novelas narrando aquel extraordinario suceso. Paul McCartney  lo recordó en su tema “Pipes of Peace” (Pipas de la paz) de 1983.

La reacción de los respectivos altos mandos son tan sólo una muestra más de hasta que punto la maldad de muchos hombres no tiene límite y que, al contrario de lo que no ha enseñado el cine, los malos casi siempre ganan.

Mi deseo para esta Navidad es que siempre ganen los buenos y que se pongan en marcha todas las treguas que haga falta para lograrlo.

Para saber más y mejor:

5 comentarios
  1. Juan dijo:

    Los altos mandos suelen tener un nivel de empatía nulo, es por eso que no pueden entender los sentimientos de los demás. Esto no sólo pasa en la guerra, también pasa en política, en el trabajo, etc.

Comenta, corrige, añade, debate…

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: