Aún no sabemos a qué huelen las nubes, pero el centro de la galaxia huele a ron y sabe a frambuesa.

Sagitario B2

Sagitario B2. Un remoto lugar de la vía láctea que sabe a Frambuesa

Hace algún tiempo se popularizó una frase de una estupenda campaña de publicidad en las televisiones de España. La locución se preguntaba: “¿A qué huelen las nubes?“. Aún no lo sabemos, o al menos nadie lo ha definido. Sin embargo, sí hay una nube, no atmósferica, que sí tiene un olor y un sabor definidos. Se trata de una nube que rodea el centro de la Vía Láctea, Sagitario B2, que al parecer, de poder olerla y saborearla, olería a ron (desconozco de cuántos años) y sabría a frambuesa. Y todo ello gracias al formiato de etilo detectado en tan remota nube.

Los astrónomos, en la incesante y árdua tarea de la búsqueda de moléculas complejas vitales para la existencia de vida, se encontraron, al analizar esa parte de la galaxia, con este singular hecho.

Los astrobiólogos, esos científicos que se dedican a la búsqueda de aminoácidos en el espacio, saben que el hecho de hallarlos -los aminoácidos- abriría la puerta a la demostración más plausible de la posible existencia de vida en otros planetas en los que se hallasen esas mismas moléculas.

En el centro de nuestra galaxia se halla Sagitario B2, una gigantesca nube de polvo. Tras haber recibido los datos procedentes del radiotelescopio IRAM, equipado con una antena de 30 metros de diámetro y que quienes hayáis estado en Sierra Nevada (España) muy probablemente conozcáis, aunque sólo sea de vista, lejos de detectarse aminoácidos se detectaron rastros de formiato de etilo, el responsable químico del sabor de la frambuesa. Curiosamente este compuesto es también el responsable del olor del ron.

El análisis de los datos recibidos también  revelaron la existencia en enormes cantidades de otra substancia química, en este caso letal, propyl cianuro.

Este descubrimiento, realizado en 2009, disparó las expectativas de los científicos sobre la posibilidad de encontrar los aminoácidos esenciales para la existencia de vida en algún lugar del espacio pues las moléculas detectadas son tan grandes como el más sencillo de los aminoácidos, la glicina.

Los aminoácidos son los “bloques” mínimos fundamentales para la construcción de proteínas, indispensables para la formación de cualquier forma de vida, desde la más simple a la más compleja, en cualquier parte del universo.

¿Habrá otras civilizaciones buscando formas de vida fuera de su planeta con tanta insistencia como nosotros?.

Para saber mucho más y mejor:

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